Nuevos horizontes en la formación profesional para el empleo

El Real Decreto-ley 4/2015, de 22 de marzo, para la reforma urgente del Sistema de Formación Profesional para el Empleo en el ámbito laboral nos introduce, a mi entender, en una nueva dimensión en lo que significa la formación de los trabajadores, tanto de los ya empleados como los que se encuentran en un proceso de búsqueda de empleo.
Dada la incertidumbre que se había originado por las múltiples irregularidades aparecidas en la gestión de los cursos subvencionados, parece que se nos había olvidado el objetivo fundamental de los procesos de formación: la mejora de la empleabilidad y la adaptación de las competencias de los trabajadores a los nuevos escenarios laborales a los que se deben enfrentarse.
El foco del nuevo Sistema no debería fijarse fundamentalmente en “evitar la corrupción”, que por supuesto también, sino centrarse en regular la planificación y financiación del sistema de formación profesional para el empleo en el ámbito laboral, la programación y ejecución de las acciones formativas, el control, el seguimiento y el régimen sancionador.
Del mismo modo, también habría que pensar en cómo crear el sistema de información, la evaluación, la calidad y la gobernanza del sistema, conforme a los fines y principios señalados en los artículos 2 y 3, correspondientes al objeto y ámbito de aplicación del nuevo Real Decreto.
La dificultad se va a centrar, bajo mi punto de vista, en la programación de la formación, ajustándola a las necesidades del mercado de trabajo. Es una responsabilidad que se asigna a los agentes sociales, empresarios y sindicatos.
Sería una buena oportunidad para mejorar una imagen muy deteriorada ante la opinión pública que, por culpa de casos muy concretos probablemente, se han ganado a pulso las propias organizaciones. Sería un beneficio que compensaría los daños colaterales producidos en otro tiempo.
El control de la Administración deberá profundizar en los resultados que las acciones formativas producen en la adecuación de las competencias, de conocimiento y de comportamiento, y no sólo en el control de firmas para certificar que el curso se ha hecho.
La escasa incidencia que este tipo de formación ha tenido hasta ahora en la mejora de estas competencias, se debe más a la deficiente programación y nivel de profundidad de las acciones que al hecho de su control administrativo.

José Luis Morte – Director de RH Asesores Zaragoza

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